De placeres...

Le alcanzan el rostro unos finos, perezosos, lentos y naturales rayos de luz, subiendo a medida que el dia agita las ensoñadas vidas de la ciudad. El despertar natural le calma, se siente descansado, claro y despejado. Una suave sonrisa se forma en la comisura de los labios, acompañados por una respiración suave y tranquila. Sigue la calma y percibe suavemente su despertar, la brisa en piel agita el sueño que le produjo su herida.
El armario, está abierto el tiempo suficiente para coger una ropa ligera y elegante, que carga camino al baño. Ropa que cuelga en la parte trasera de la puerta del baño, mientras la acompaña dejandola bien cerrada. Enciende el reproductor, Sunday Morning, Lou Reed, siempre acertando, siempre simbiotico. Sonrie y se mira en el espejo, mientras se guiña a si mismo. Con tiempo se desnuda, y da paso al agua mientras entra al interior de la ducha. Cae el agua como lluvia natural, le agita la piel y cierra los ojos. Vuelve a soñar.
No es consciente del tiempo que ha pasado, y ni siquiera es consciente de la hora. Son dos placeres que se permite, el agua y el tiempo, rompiendo con su propia rectitud. Vestido ya, camina descalzo notando el frio, no le molesta. Vuelve a su habitación, retirando las suaves cortinas de lino, y abriendo la ventana. Un escalofrio lo recorre, recordando que a pesar de que el sol se haya destapado, sigue calando el frio de la semana anterior, semana de lluvia, como se pedia, como tenia que ser.
Suena ahora una batukada, Mundu Berria, de Betagarri, canción de sueños y esperanza, le anima. Le ha acompañado cuando el corazón de sus ánimos dejaba de bombear, el ritmo le agolpaba y lo despertaba. Recibia energia de rabia, y enfrentaba las adversidades, quizás mayores que él, pero con orgullo. Ese orgullo suyo, viejo, castellano, noble y valiente. Orgullo heredado. Se acaba, sonrie, puede volver a mirar el dia y escoge Ojos de Brujo, Techari. Música de esa Catalunya suya, mestiza, evolucionada, heredada del barrio donde ha crecido, mezcla de culturas de pueblos. Y mientras, se permite su último placer, hojea, una vez más la Balada de la mar salada, Corto Maltés. Ese heroe romantico, marinero, viejo y sabio pirata capitán.



